El coste oculto de la ropa que compramos es precisamente el que no pagamos. Las empresas de moda buscan el máximo beneficio de su negocio y un ahorro de unos céntimos o pocos euros en la confección de una prenda suponen al final millones de euros que no están dispuestos a no ganar aunque para ellos suponga un cambio de distribuidor y de país si este no acepta la reducción de costes. El ahorro entonces recae sobre cosas como el salario de los empleados de la fábrica, el número de horas extras que han de realizar (pagadas o no), la seguridad laboral, el control de residuos o el uso de fibras sintéticas más baratas. Y no es que no sea rentable producir dignamente sino que se quiere cada vez más y más beneficios.

Finalmente para que nosotros paguemos 1 ó 2 euro menos por una camiseta, millones de personas trabajan como esclavos o peor aún, mueren aplastadas por fábricas que se derrumban o se queman con sus trabajadores dentro. Para que nosotros tengamos unos zapatos baratos cada temporada y tiremos los de la anterior medio nuevos porque ya no nos gustan, se tienen que contaminar tierras y ríos con pesticidas, fertilizantes, tintes de ropa, químicos para tratamientos textiles etc etc. Y mientras se van llenando los vertederos de toneladas de tejidos de ropa medio usada pero bien pasada de moda.

El problema social vinculado a los derechos humanos y de los trabajadores.

El primero es el sufrimiento humano de los trabajadores que confeccionan la ropa que vestimos. Éstos van desde los salarios bajos que reciben incluso para sus países, los riesgos para la salud de las condiciones de trabajo (exposición a tóxicos, interminables jornadas laborales, instalaciones y maquinas poco seguras…) y falta de derechos básicos laborales como el sindicalismo, el derecho a la huelga, los descansos, falta de vacaciones etc etc…

Algunos grandes empresarios de la moda justifican estas situaciones con frases como, “nosotros llevamos miles de puestos de trabajo a estos países y si no estuviéramos vivían aún peor”, “estamos ayudándoles a su desarrollo” y con esto pretenden lavar sus conciencias. En cierto modo la culpa no es sólo de las multinacionales directamente ya que no son sus fábricas, también lo es del dueño de la fábrica o del gobierno que permite estas condiciones laborales y de la propia desigualdad entre países del mundo…., pero ellos son responsables indirectos del trato como esclavos que se les da en las cadenas de producción, si no auditan o cierran los ojos para no saber a quién subcontratan. El fin no justifica los medios, llevemos trabajo y capital a estos países, pero de calidad…

El problema medioambiental

Por otro lado está el problema medioambiental y la falta de control sobre los residuos tóxicos desde el proceso de cultivo del algodón como pesticidas y fertilizantes que contaminan ríos y tierras de las que dependen millones de personas y sus ecosistemas; la producción de fibras sintéticas, químicos para teñir, curtir el cuero, tratar los textiles etc etc y por último la generación de residuos de tanta ropa que acaba en vertederos, mercados ambulantes de países del tercer mundo o en bosques, playas y otros lugares. Las fibras sintéticas además pueden tardar cientos de años en degradarse por lo que el problema se extenderá durante décadas aunque hoy volviésemos a producir y consumir al ritmo de hace 20 años.